8 pequeñas críticas y la maldita pereza

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Las reseñas de este artículo no están escritas expresamente para el blog, si no que son parte de las reseñas que he escrito durante estos meses en mi perfil de Letterboxd, la red social de cine

Siempre me ha gustado el cine. Vale, ya sé que esta frase puede sonar a tópico (porque lo es), pero dejad que me explique. No me refiero solamente al cine como arte audiovisual. Me refiero a la mitología del cine. De pequeño nunca he visto muchas películas, más allá de las que me ponía mi padre, las que pillaba por la tele, las que veía con amigos durante noches en vela o en mis ocasionales visitas a una sala de cine, donde siempre tenía que comprar palomitas e ir 5 minutos antes para no perderme ni un tráiler.

Así era el ritual. Estaba sentado ansioso en mi butaca con una bolsa de palomitas más grande que yo y miraba maravillado todos esos avances de películas que probablemente no fuera a ver. No sé si era su montaje, su capacidad para embutirte una historia entera en la cabeza en poco más de 2 minutos o que estuvieran diseñados expresamente para hacerte consumir, pero esos avances muchas veces me gustaban más que la película que vendría a continuación, y me pasaba toda la cinta pensando en todas aquellas historias de las que había visto destellos hace unos momentos.

Y así empezó.

Todos los meses me aseguraba de comprar un ejemplar de CinemaníaFotogramas o la revista de cine pertinente (todavía guardo la colección con cariño) y me la leía varias veces de cabo a rabo, enterándome de todos los estrenos, las películas que estaban por venir, los directores, los actores y demás elementos de la maquinaría que hace funcionar al séptimo arte. Todos los años, tras los Óscar, me levantaba pronto para ver la lista de ganadores y, aunque no hubiera visto ni una película de las mencionadas, sabía de que iban a la perfección y poco me faltaba para conocer el nombre del chaval que traía cafés al director durante el rodaje.

Nunca me he preguntado por qué siempre he abordado el cine de una forma tan superficial. Quizá me faltaba madurez, quizá lo que realmente me estimulaba era el bombardeo de información. El caso es que sólo he empezado a ver cine con más asiduidad estos dos últimos años, al rodearme de gente con gustos parecidos y al llegar a cierta edad en la cual solo era lógico que desarrollara ese gusto (y al descubrir Pirate Bay. Jeje)

Este año ha sido el más cinéfilo de mi vida. Todo gracias en parte a Letterboxd, una red social que me permite descubrir películas nuevas, registrar mis visionados y leer las opiniones de gente que sabe mucho más que yo. Desde que me registré, me obligué a hacer un ejercicio: pequeñas reseñas de las películas que iba viendo. Aquí van 8 de ellas. Sin spoilers, tranquis.

Rashomon (Akira Kurosawa), 1950.

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Que bien nos lo pasemos

Es la segunda película que veo de Kurosawa, y no me esperaba menos de él. Todos los planos tienen una carga visual impresionante, con todos los elementos en pantalla interactuando entre sí para ofrecer una obra de arte tan pura que no deja nada al azar. Cada fotograma es una historia, y su forma de narrarla visualmente es magistral. Desde los diálogos en los que se nos muestra una dualidad entre varios personajes moralmente opuestos hasta las asombrosas escenas de lucha y pasando por los ingeniosos e innovadores movimientos de la cámara, Kurosawa nos introduce en este pequeño cuento sobre un crimen pasional que, a pesar de no ser tan grandilocuente como “Los siete samuráis”, goza de la misma maestría cinematográfica.

A pesar del comportamiento exagerado y caricaturesco de los personajes, o quizá gracias a él, las actuaciones son de una gran calidad, con Toshiro Mifune comiéndose la pantalla.

Es muy llamativa la original forma de contar la historia, que culmina con una moraleja sobre la moral y la bondad del hombre, por parte de los tres intermediadores de la cinta, que se resguardan de la lluvia bajo un templo.

“Es difícil sobrevivir si no eres un egoísta”, sostiene uno de ellos. Está en nuestras manos creerlo o no.

Por mi parte, prefiero conservar la esperanza.

4,5/5

Spotlight (Thomas McCarthy), 2015.

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Porque qué podría salir mal de meter a Hulk y Dientes de Sable en la misma habitación

Spotlight dura 2 horas, y me atrevería a decir que un 80% de ese tiempo consta de gente sentada hablando. Y ahí está su verdadera virtud. Es fácil dirigir películas de acción, paisajes naturales y pomposas fantasías. Pero cuando estás frente a cuatro paredes, un despacho y unos periodistas hablando es cuando realmente tienes que brillar.

Una dirección vaga haría de esta la película más aburrida sobre la faz de la tierra. Y aunque sí, hay algo de plano/contraplano, Spotlight sale bastante ilesa del abismo de la mediocridad. Tiene un guión brutal, que engancha desde el minuto 1, y unas actuaciones que no serán de lo mejor de lo que hemos visto, pero todas con sus matices (impecable ese Mark Ruffalo), y cumplen de sobra. Te presenta un mundo crudo, que al fin y al cabo es el nuestro, y lidia con una verdad tan incómoda como necesaria.

A pesar de ser una película de despachos, me han encantado los planos exteriores. Como en todos y cada uno, se oyen unas campanas, o se divisa una iglesia de fondo, o incluso se ve la mirada de algún cura acechando a nuestros protagonistas de cerca. Esta película habla sobre lo difícil que es enfrentarse a algo que es mucho más grande que tú, y sobre como Spotlight lo consiguió.

4/5

 

The Lobster (Yorgos Lanthimos), 2015.

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Pero menuda puta ida de olla. Todos mis respetos a Yorgos Lanthimos por coger a una plantilla de actores de primera división (Colin Farrell está en modo Dios) y situarlos en un mundo distópico en el que nos muestra su macabra visión de las relaciones sentimentales. Menudas novias tuvo que haber tenido el tío, tú.

La idea de esta película que va a caballo entre drama, comedia y terror distópico es de lo más original y oníricamente alocado que he visto en mucho tiempo, y a la industria le hacen falta más mentes así.

Le pongo un 7 porque la estructura de la película se tambalea mucho, porque a veces no sabe muy bien que pretende contar y porque, en líneas generales, sé que este hombre puede hacerlo mejor. Pero eh, CALITÉ

3,5/5

The Grand Budapest Hotel (Wes Anderson), 2014.

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Una colorida pantomima situada en un mundo de juguete, El gran hotel Budapest es un cuento que recuerda más a “Big Fish” o a las antiguas comedias soviéticas que a una producción hecha en EEUU en el año 2014.

Mantiene el famoso estilo simétrico de Wes Anderson, lo mezcla con una divertida banda sonora y actuaciones efectivas y resulta en una película tan dulce como el mejor chocolate Mendl. Además, me ha hecho reír más que la mayoría de las comedias americanas de hoy en día. Una de esas películas que te hace ser, aunque sea un poco, mejor persona.

4/5

Memories of Murder (Bong Joon-ho), 2003.

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-Y le dice “No, pero me gustaría verlas”ajajajaj +¿Pero me vais a dar de comer? -Si bueno, y qué más

 

Una de las películas detectivescas más inteligentes que he visto. No muestra solamente los grotescos crímenes que comete el asesino, si no que también trata la relación de todo el equipo de investigación (especialmente de los dos protagonistas), la ética en el trabajo de detective, la impotencia ante lo que creemos injusto y, en cierta medida, la condición humana en un todo.

Cabe destacar los increíbles planos que nos brinda el director, muchos de ellos fijos durante toda una secuencia para transmitir empatía y mostrar mejor la relación entre todos los personajes, con decenas de pequeñas historias escondidas en pequeños detalles. También la evolución de ambos protagonistas, que es sencillamente redonda.

Me gustaría ponerle alguna pega a esta película; no por maldad, si no para intentar comprender por qué demonios no está considerada entre las grandes obras del cine universal. Pero así en caliente no puedo; será verdad que es tan buena. Maldito americo-centrismo.

4,5/5

Capitán América: Civil War (Hermanos Russo), 2016.

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A ver Raúl, ¿¡PERO CUÁNTAS VECES TENGO QUE DECIRTE QUE ESTA CIVIL WAR NO ES, QUE ES LA DE MARVEL!? ¡NO HUYA, MERLUZO, NO HUYA!

Civil War es la cúspide de todo lo que el universo meticulosamente construido de Marvel nos ha podido ofrecer, con todo lo ocurrido hasta ahora uniendo lazos de forma espectacular.

Y ya no es solo la dirección de los Russo, que nos ha dado la mejor acción del universo Marvel de lejos. No son solo los gags perfectamente implementados que no llegan a molestar y te hacen soltar carcajadas sanísimas. No es solo el mejor Spider-Man que hayamos visto o vayamos a ver en la historia del cine, ni un Barón Zemo impresionante. Es que esta cinta, como obra cinematográfica más allá del puro frikismo… Coño, que cumple de sobra.

Tenemos una película redonda, con sus toques de drama, comedia y thriller (el tramo final es asfixiante, y más aún por tratarse de los personajes a los que conocemos y hemos visto evolucionar) uniéndose para dar todo el potencial que la gente de la Casa de las Ideas ha traído al Séptimo Arte. Una peli que, preveo, sobrevivirá muy bien al paso de los años y será considerada como un clásico absoluto.

Cabe destacar la fantástica labor de marketing, no me he visto venir cosas muy gordas que han pasado en la película y me han hecho disfrutarla como un enano.

Le pongo un 4,5 de 5 para que los de Marvel no se me relajen, pero vaya, que vivimos en una época muy bonita.

4,5/5, lo pone bien clarito, vaya.

10 Cloverfield Lane (Dan Trachtenberg), 2016.

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Y oye, que no te puedo contar el final del chiste porque sería spoiler y eso. De hecho, cuanto menos sepas de esta película al verla, mejor.

¿Que por qué deberías verla? Pues a lo mejor porque es un pepino de debut cinematográfico por parte de Dan Trachtenberg (hay que seguirle muy de cerca), por su estructura y ritmo perfectos, por su sonido excepcional, por como sabe mantener su tensión, por su controvertido final, por las mil influencias y referencias…

Pero principalmente por John Goodman.
Sip, John Goodman mola demasiado.

4/5

The Taste of Tea (Katsuhito Ishii), 2003.

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Os juro que esto es de lo más normal que pasa en la película

Empecemos por lo obvio: esta película es más rara que un perro verde. Pensaba que sería una de esas que o amas o odias, pero conforme ha ido avanzando me he ido dando cuenta de que cualquiera puede apreciar esta obra con la suficiente predisposición, igual que la hipnosis de Nobuo.

Y es que “The Taste of Tea” no es rara en aras de ser rara. Aprovecha su surrealismo, y lo abraza totalmente para entrar en la mente de sus personajes y tomar decisiones estilísticas muy interesantes, que funcionan muy bien en el ambiente rural del filme. Y es en el mundo rural donde se desarrolla la historia de los Haruno, una familia con la que acabas empatizando por completo mientras ves como, cada uno a su manera, gestionan los cambios en su vida y solucionan los obstáculos lo mejor posible.

Y es que al final, esta película no es nada grandilocuente pese a su estilo rocambolesco. Cada personaje vive su vida y supera sus pequeños retos, ya sean compaginar su vida laboral con la familiar, triunfar en el amor o deshacerse de una carga que llevan mucho tiempo soportando.

Y para qué engañarnos, a pesar de todo, “The Taste of Tea” termina siendo bonita. Y recordándonos que, a pesar de todo, todos los días sale el Sol.

Ah, y sale Hideaki Anno siendo fabuloso. Vamos, que la veas.

3,5/5

Y eso…

Bueno, pues esta es la primera vez que actualizo el blog en meses, y aún así he hecho un poquillo de trampa. Me prometí a mi mismo actualizarlo mensualmente pero he tenido mucha faena, me ha dado palo y el ciclo ha ido retroalimentándose hasta el punto en que quedaría indigno volver a publicar algo así sin más. Por eso he hecho esta especie de proto-artículo, principalmente para tres cosas:

-Para que quizá descubráis alguna película nueva, y me sigáis en Letterboxd (haceos cuenta, que no cuesta nada, y nos hacemos amiwis de pelis)

-Para volver a las riendas sin ningún proyecto muy tocho.

-Para recibir feedback.

 

Sobretodo me gustaría hablar de esta última. Sé que esto está lejos de ser perfecto. Qué demonios, probablemente esté lejos de ser decente. Recibí bastantes críticas positivas en la reseña de Star Wars, pero me vendrían bien unas cuantas críticas negativas para saber a dónde reconducir esto. Ahí arriba tenéis 8 pequeñas muestras de mi estilo, decidme que debería mejorar, si es ameno de leer, si escribo mucho sin decir nada. No tengáis miedo de hablar conmigo, porque, al fin y al cabo, si de vez en cuando me pongo a soltar mis desvaríos por la red es para que alguien los lea. En cuanto al blog, voy a ver si retomo la actividad. Por lo pronto haré un artículo contando el final del chiste de 10 Cloverfield Lane durante los próximos días. Pero eso, feedback pls.

Muchas gracias.

Sorrentino y la belleza de lo mundano

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Roma. Lluvia; y el aroma que deja tras de sí, impregnando las calles y alzándose hacia el cielo nocturno. El Sol. Una stripper bailando tras una cristalera, las azoteas de las ciudades. El envoltorio de un caramelo; los labios de aquella mujer que se sentaba al final del bus. La vida. Y la muerte.

La búsqueda de la belleza ha sido un hilo conductor en el arte desde siempre. Muchos han sido los artistas que la han estudiado, añorado, soñado con alcanzar o incluso deconstruido. ¿Puede ser hallada en todas las cosas? ¿Está implícita en nuestro mundo, y es nuestro deber encontrarla? ¿Es una utopía inalcanzable o, por el contrario, un invento para encauzar nuestras emociones más banales?

Mirad, seré sincero: descubrí al director italiano Paolo Sorrentino hace relativamente poco. Llevaba oyendo alabanzas a su obra ya bastante tiempo, y me puse su obra magna, La grande bellezza durante una noche aburrida en la que no quería hacer nada. Y no sólo me encantó, si no que me hizo preguntarme bastantes cosas, pensar sobre la condición humana y el sentido de la vida, y reflexionar sobre el nihilismo o la alienación de la gente en los tiempos modernos, que entierra todas estas preguntas bajo capas de ruido, grandes fiestas, entretenimiento barato y sexo esporádico. Guau. No penséis que me ha invadido la vena escritora, simplemente no sé de que otra manera presentar el trabajo de este hombre. Un argumento de sus películas no les haría justicia, porque no van de nada en concreto, y considero que un director que trata temas tan grandes requiere una presentación de similar calibre. Sin embargo intentaré hablaros un poco de sus dos últimas cintas. Quién me manda a mí hacer esto.

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Te he dicho Sorrentino, ¡so palurdo! ¡SO-RREN-TI-NO! ¿Veis? Esto es lo que pasa cuando pillas al primer becario de turno para tu blog

La gran Belleza

Jep Gambardella es un hombre nihilista, cínico, y vividor que publicó una única novela en su juventud y desde entonces vive en Roma, trabajando de crítico de arte, codeándose con gafapastas y las altas esferas, organizando lujosas fiestas noche sí y noche también y durmiendo por el día, solo para repetir el proceso. Hasta que cumple 65 años. Entonces, dominado por el hastío de una vida vacía, empieza su viaje por Roma, en la búsqueda del sentido de su propia existencia y del motivo por el cual es incapaz de escribir una segunda obra.

La película arranca con una de las mejores fiestas de la historia del cine. De verdad, es un fiestón. Solo hace falta ver esa escena para descubrir que esta cinta tiene algo especial. Ahí se nos presenta a algunos de los coloridos y macabros personajes que acompañarán a Jep en su viaje, gente vacía, sin aspiraciones, absorbida por una Roma de contrastes que es un personaje más de la película. Este filme, y la obra de Sorrentino en general, bebe mucho del realismo mágico. Basta con abstraernos un poco para sentir que estos personajes y situaciones podrían ser perfectamente salidos de las páginas de Gabriel García Márquez o Laura Esquivel, y la iluminación tan artificial, las ocasiones en las que el protagonista rompe la cuarta pared o los propios sucesos mágicos, que son pequeños pero notables, ayudan a crear esta atmósfera. Esta película es tan mágica por sus detalles, como la canción que suena cuando Jep ve algo que le parece realmente bello, o una simple mirada que dice más que la verborrea innecesaria.

Cabe destacar sobretodo a Jep Gambardella, interpretado magistralmente por Toni Servillo, que está tan bien construido que deja de ser un personaje para convertirse en un auténtico icono de la gran pantalla. La cámara, sin ir más lejos, es un personaje más, una entidad omnipresente que sigue a los personajes en sus movimientos y crea planos tan pulidos y matemáticamente preciosos que no miento si digo que esto es de lo más bonito que he visto en el cine. Es tan preciosista que encuentra la belleza en lo banal, en Roma, en lo hermoso y en todo lo demás. Curiosamente, este acercamiento tan divino de la cámara te recuerda constantemente que estás viendo una película, convirtiéndola por momentos en un diálogo entre el director y tú.

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Cuando te dicen que las has aprobado todas

Y es que es increíble la montaña rusa de emociones por las que esta película te hace pasar. Desde la comedia (sí, si te echas unas risas y todo) al drama, hasta la tragedia o las secuencias oníricas, Sorrentino te lleva por un viaje en el que te habla sobre él mismo, su relación con su obra, su vida y su crisis de los 40, que, a mí, se me ha hecho corto. Es una oda hacia la vida, tiene un trasfondo optimista que dice que detrás de toda la vacuidad hay algo que merece la pena. Y ahora es cuando entra Youth.

La Juventud

Vale, Sorrentino saca La gran belleza, se lleva todos los premios llevables y se dedica a vivir la vida que nuestro querido protagonista Jep ya vivió en su anterior película. Estamos en 2015 y Paolo, que ya es un director de renombre, decide hacer una peli en inglés. Y ojo, no sólo es en inglés, si no que tiene a Michael Caine, Harvey Keitel y Paul Dano. ¡OJO!

En esta secuela espiritual, un director de orquestra y uno de cine, ambos ya ancianos, pasan las vacaciones en un balneario de los Alpes. Fred Ballinger (Michael Caine) está ya retirado, aunque un emisario de la reina de Inglaterra le presiona para tocar en el palacio por última vez, y Mick (Keitel) está terminando el guión para su última película, incapaz de escribir el final. Y poco más. Mientras estos dos viejos amigos se debaten con sus carreras artísticas, vemos a una sucesión de coloridos personajes todavía más llamativa que en La gran belleza. Tenemos desde un actor recordado por su infame papel de robot, hasta un Diego Maradona obeso o Miss Universo.

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Cuando Alfred Pennyworth y el señor Lobo se cansan de hacer el trabajo sucio

Y esta película es mucho más contenida. Si en La gran belleza la acción la llevaban los pequeños detalles, aquí está dirigida por el diálogo. Un diálogo majestuoso sobre los viejos tiempos, la muerte y, por qué no, lo bello. Toda la película tiene lugar en el balneario, sin fiestas ni excesos, y gracias a los variopintos personajes o la situación de la acción, en medio de los Alpes, se acentúa aún más el preciosismo de las imágenes o la influencia de lo real maravilloso. Este es incluso más impresionante que nunca, gracias a la sobriedad del resto de la película. Hay escenas tan increíbles que tuve que parar la cinta para digerirlas, como en la que suena una grandiosa canción de un grupo de post-rock, que me pilló totalmente desprevenido. Todo esto combinado con ese aroma de pochez y existencialismo a la que el director nos tiene acostumbrados. Una de las mejores películas de 2015, en la que Sorrentino sigue exhibiendo su particular estilo. Haceos un favor y ved estas dos películas, si no lo habéis hecho ya.

Sin embargo, a pesar de su continua búsqueda de la perfección artística, este gran director sigue siendo un esclavo de su propio estilo, reminiscente de Fellini entre muchos otros. Al final, no es más que un truco.

 

Sí, solo es un truco.

 

 

El Despertar de la Fuerza y el nuevo cine

Antes que nada, es conveniente que sepas que este artículo contiene SPOILERS.

Si, SPOILERS. Si sigues leyendo este artículo, podrá estropear tu experiencia de visionado de la película, en caso de que no la hayas visto aún.

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SPOILERS gordos además, de estos que te chafan completamente la peli. Al nivel del “Yo soy tu padre”. Tal cual, oiga.

¿Entendido? Bien, ya no me hago responsable de lo que puedas leer.

 

Han Solo es asesinado por Kylo Ren, su propio hijo. Habiéndome quitado este peso de encima, vamos a la chicha.

 

Me ha gustado El despertar de la Fuerza

Sí, lo admito. Lo pasé como un enano desde que entré en la sala de cine el día del estreno. Miento. Lo pasé como un enano durante los meses de espera, desbordado por la emoción cual niño pequeño, babeando con cada tráiler o pequeña reseña que goteaba por las paredes del inmenso océano de la Red. Y con razón. Después de una decepcionante segunda trilogía, los fans de Star Wars buscábamos desesperadamente un atisbo de redención, algo que volviera a encandilarnos como las películas originales. Y vaya si nos lo prometieron. Abrams y compañía sabían lo arriesgado que era tomar un proyecto de esta envergadura. Y es que Star Wars no es una simple saga; es un patrimonio de la humanidad, es la infancia de generaciones que crecieron viendo las emocionantes aventuras de Luke y, sí, los insípidos desvaríos de Anakin. El equipo de El despertar de la Fuerza ya tiene todo el mérito del mundo por atreverse con una película así, y por haber salido relativamente ilesos. No era moco de pavo hacer que los fans volvieran a recuperar la confianza en la saga y a la vez atraer a curiosos y primerizos al apasionante universo de La guerra de las galaxias, y, gracias a una serie de decisiones muy inteligentes (como volver a contar con John Williams, Lawrence Kasdan y los actores originales) y una grandiosa campaña de marketing, el filme ha conseguido batir récords de taquilla en todo el globo.

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-Mira la que has liao gordo cabrón, a ver como arreglo yo ahora este esperpento. +¿Has considerado meter midiclorianos? -Mira macho.

Y para mí, han cumplido con las expectativas de sobra. Han conseguido traernos un producto de entretenimiento excepcional que ha conseguido contentar que más que menos a casi todo el mundo. Y aunque no esperara que se salieran mucho de los convencionalismos blockbusterianos, si nos han traído alguna sorpresilla que otra (luego hablaremos de Kylo Ren). Y es que absolutamente todo en esta película despunta calidad, desde unas actuaciones brutales por parte de casi todos los actores (muy agradables sorpresas los novatos Daisy Ridley y John Boyega), hasta la que sea probablemente la cinematografía más pulida de la saga, si no contamos la obra maestra El Imperio contraataca; pasando por unos efectos visuales muy redondos, y un desfile de muñecos, maniquíes y animatrónicos la mar de majos que recuerdan a esa galaxia más sucia que se nos presentó en la trilogía original. Y es que Abrams jugaba con ventaja. Sabía lo que los fans odiaban de las precuelas, y fue a lo fácil: hizo todo lo contrario. ¿Que no os gusta el abuso de CGI? ¡Pues tomad efectos prácticos! ¿Que no os gustan los diálogos aburridos? ¡Pues tomad acción por un tubo! ¿Que no os gusta la verborrea política carente de sentido? ¡PUES MIRAD COMO VUELO LA REPÚBLICA EN 10 SEGUNDOS! Y ha mi me ha contentado, la verdad. TFA (The Force Awakens) busca volver a ser ese Star Wars más puro, esa película de aventuras y ciencia ficción, con toques de cine de samuráis por ahí y western por allá, que simplemente busca contar una historia. Y poco más; un muy buen guión, plagado de momentos de humor de muy buen gusto que, lejos de hacerse molestos, acompañan a la acción sin superponerse a ella, y un producto que, en líneas generales, no se puede tachar de malo. Sí, quizá peca de una trama demasiado parecida al Episodio IV y un John Williams en modo autopiloto por momentos, que aún así nos ha conseguido traer temas tan memorables como el de Rey o la pieza de la escena final, pero son daños colaterales. Así que poco más que declarar, en general me ha encantado. Ahora sí, pasemos a la acción.

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El mayor “FUCK YOU” de la historia del cine. Y sí, se que no son esos planetas canónicamente, pero lo son simbólicamente. Mira que sois tiquismiquis.

 

Luces y sombras

Antes de empezar a despotricar contra la película, me gustaría defender al que probablemente sea el personaje más incomprendido de la Galaxia. Nuestro querido Kylo Ren. Se podría escribir un artículo entero sobre este personaje y por qué es una genialidad, pero me limitaré a conceptos básicos. Se nos presenta a este s̶i̶t̶h̶ caballero de Ren badass al principio de la cinta. Tiene un diseño impresionante, una máscara guay y PUEDE PARAR RAYOS BLÁSTER CON LA FUERZA! ¿¡Cómo de alucinante es eso!? Pero luego le vemos pillar una rabieta y cargarse el puente de mandos.

-Espera, ¿qué? D-Darth Vader no hubiera hecho eso.

Y luego le vemos rezándole a la máscara del difunto Darth Vader porque quiere llegar a ser tan malote como él.

-Un momento…

Y luego, la maldita escena. Luego se quita la máscara.

-¡PERO VUÉLVETE A PONER ESO, HOMBRE!

Al quitarse la máscara, vemos a un tipo normalucho. Así es, no es una suerte de demonio con una espada tan molona como desaprovechado fue su personaje, ni un maestro sith ancestral. Es un tío que bien podría ser Paco el del séptimo. El momento de la gran revelación supone un gran anticlímax, te libra de toda la tensión que la escena había estado acumulando, e incluso puedes llegar a pensar en lo ridículo de que Paco el del séptimo sea el villano de Star Wars. Pero es que ahí está la gracia. Creedme cuando os digo que los cástings para películas de este calibre son muy meticulosos, y sólo cogerán a actores idóneos para transmitir lo que el director quiere mostrar. Pues esta vez, nos han querido mostrar a un antagonista gris, algo que nunca se había visto en esta saga. Kylo Ren es un simple aprendiz, está confuso, ni siquiera sabe en que bando está. Intenta intimidar llevando su peculiar indumentaria y emulando los gestos y acciones de Vader, pero no es tan sosegado, no consigue mantener la compostura. Como él mismo revela, está desgarrándose por dentro. Incluso su espada refleja esa inestabilidad, es pura rabia contenida, vibrante y peligrosa. Es la primera vez que se nos presenta un antagonista así, siempre habíamos visto a maestros sith totalmente entrenados y aterradores, pero Kylo, al igual que Rey, hace poco que comenzó su viaje. Esto es fantástico, porque podremos verle evolucionar a lo largo de la trilogía. Kylo Ren es lo que Anakin Skywalker debió haber sido. Mencionar sobretodo la muerte de Han Solo, para mí la mejor escena de la película. Todas las emociones que nos muestran la dualidad del personaje, la iluminación, la banda sonora… Está todo hecho para darnos a entender que Kylo ha decidido su camino. Y estoy impaciente por ver como lo continúa.

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Afíliate a Ciudadanos, y yo te mostraré el poder del Extremo Centro

Pero hablemos de Rey, la protagonista. Sí, es un personaje muy bien actuado y, sí, es un personaje muy carismático. Pero durante este mes he tenido que ver a la fuerza (no pun intended) lo que me negué a reconocer en su día: Rey es una Mary Sue. ¿Qué es una Mary Sue? Fácil. Es un personaje, que generalmente supone una representación del autor de la obra, que es básicamente perfecto. Carece de fallos, es guapísima y le cae bien a todo el mundo. Pues aquí tenemos a Rey. No me malinterpretéis, no me importa que sepa pilotar el Halcón Milenario o que derrote a Kylo Ren en batalla, no. Esto se puede explicar por su afinidad por la Fuerza, o porque fue entrenada en el pasado y sufrió un borrado de memoria, o por cualquier otra chorrada. Me chirrían otras cosas. Por ejemplo, el hecho de que le caiga bien a todo el mundo. BB-8 la ama, Finn la adora, Han Solo Y Chewie le hacen reverencias continuamente y la Resistencia poco más y la nombra Teniente. ¡Si es que hasta Leia la trata como una hija a los 5 minutos de conocerla! Entiendo que pretenda ser ejemplo de personaje feminista y mujer fuerte e independiente, pero me hubiera gustado que alguien la cuestionara. O no sé, que algunos bandidos se rían de ella por el hecho de ser mujer, y ella les callara la boca desafiando la idiosincrasia de la Galaxia, en la que recordemos que hace unos años, LA ESCLAVITUD FEMENINA ESTABA NORMALIZADA. Y aún puedo pasar por alto todo esto,  pero es que sabe más del Halcón Milenario que Han Solo. Y el Halcón Milenario es el bebé de Han Solo, su posesión más preciada. Me parece una forma muy cutre de quitarle valor al personaje. Y bueno, huye de la Starkiller ella sola, huye de los Rathars ella sola, vence a los bandidos ella sola. Ningún personaje de Star Wars hasta la fecha había sido tan autosuficiente; en la trilogía original, el grupo tenía una relación de camaradería, donde se ayudaban y rescataban los unos a los otros. Había una tensión, no tenías la certeza de que un personaje fuera a salir victorioso solo porque es el bueno. Aquí todo esto desaparece, y es una pena. Y no me malinterpretéis, me encanta que el personaje protagonista sea una mujer. Pero por favor, que sea una mujer real, no una suerte de semidiosa. Por la trama. Por Star Wars.

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Por si os lo preguntabais, sí, esto es un día normal de Fallas en Valencia.

Por qué no llegó a cuajar

Me ha encantado esta película, sí. Una de las razones es que, bueno, volvió a tener el mismo sentimiento, el mismo touch and feel de la trilogía original. O esa es la mentira que me he estado repitiendo durante este último mes. Lo cierto es que, durante la película, estaba con esa extraña sensación que me decía que eso no era como las aventuras de Luke y compañía. Y hace poco descubrí por qué. Y a causa de ello, no pude evitar soltar una carcajada cuando vi que El despertar de la Fuerza estaba nominada a los Óscars por mejor montaje. Exacto, el montaje de esta película no me ha parecido nada acorde al tono de una película de Star Wars. Gran parte de lo que hace a esta saga ser lo que es, es su maravilloso manejo del ritmo, que sabe llevar a la perfección. El ritmo es una de las partes más importantes de la edición, pues se infiltra en nuestro subconsciente y nos dice que escenas son tranquilas y en cuáles debemos estar al borde de nuestro asiento. Es lo que, en definitiva, te hace sentirte involucrado en la película. Con cortes más rápidos estás en tensión, y los cortes más lentos sirven para aliviar esa tensión en una especie de carrusel cognitivo. Así, estos predominan más en el primer acto, donde se nos presenta a los personajes antes de que entren en un conflicto, conflicto que se muestra con cortes más rápidos, para aumentar la tensión. En la trilogía original, el uso del ritmo es magistral. Fijaos en como, durante las secuencias del Imperio, hay planos largos y fijos, para demostrar el control sobre la situación y la grandeza del mismo, mientras son más rápidos y revoltosos en las aventuras de Luke, que sale de su ciudad por primera vez y ve como un confuso mundo se abre ante él. Las tomas más lentas de toda la película son cuando Luke vuelve a su casa para encontrarla desolada y en ruinas. Esto sirve para que digiramos mejor lo que está pasando, y nos identifiquemos con el personaje. Así, el ritmo también nos deja escenas tan memorables como la de la puesta de los dos soles, que ya es parte de la conciencia colectiva. Esto se puede achacar a ese montaje tan rústico característico de los 80, y en parte es cierto. Pero también me gusta relacionar Star Wars con ese tipo de montaje, esa atmósfera tan mística y a la vez atrapante.

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*solloza

Pero en TFA no recuerdo ningún plano de más de 5 segundos. Todo se siente demasiado rápido, no hay ni una escena que te deje respirar, descansar o interiorizar a los personajes. No hay nada de eso que hizo a Star Wars tan grande. Incluso escenas que podrían haber sido emblemáticas, como los TIE Fighters viniendo por el horizonte al más puro estilo Apocalypse Now, la de Rey comiendo al lado del AT-AT y fantaseando con las aventuras de los rebeldes, o el plano final que quedó mancillado por esa transición de helicóptero.  Y es una lástima, porque hay imágenes poderosísimas en el filme, que, o por decisión estratégica o por prisa, fueron anuladas. Además, todo tiene lugar por una razón, toda acción lleva a otra acción. Nada pasa porque sí, no hay diálogos banales y todo está destinado a mantener tu atención y tenerte al borde del asiento toda la película. Y estar continuamente al borde de tu asiento, amigos, cansa. Es cinematografía básica, no puedes mantener la tensión durante toda la cinta, esta debe ser liberada. Si no,  al segundo o tercer visionado se llega a hacer tedioso. Quiero pensar que J.J Abrams ha sufrido un caso de madmaxismo y ha querido hacer una película de acción al más puro estilo de nuestro amigo George Miller. Pero Star Wars no consiste en eso. El desierto no es un parque de atracciones para nuestro entretenimiento, es un desierto y hay que reflejarlo como tal. Hay un término llamado “montaje expresivo” por los expertos, que significa que el montaje acompaña a la acción que sucede, más lento en el drama y más caótico en la acción. Eso en lo que Star Wars siempre destacó hasta ahora.

Pero tras reflexionar, he llegado a la conclusión de que es en parte culpa del cine moderno y su espectador. Cada vez vamos al cine con más expectativas y exigencias, con Internet es muy fácil tener expectativas, y a su vez, fijarse en el fallo más diminuto de cualquier película, y es muy difícil contentar a todos. Y además estamos viviendo esta reconstrucción del género de acción con cintas como Mad Max o la saga del Caballero Oscuro de Nolan, que crean un paradigma y un estándar de calidad que muchos directores se ven obligados a emular al pie de la letra. Al final todo va sobre contexto. Estoy seguro de que si La guerra de las galaxias se hubiera estrenado hoy, habría recibido un aluvión de críticas. ¡Qué demonios! Si hasta a mí me ha encantado El despertar de la Fuerza y he venido aquí a despotricar de errores tontos. Sólo espero que Rian Johnson no se deje asustar por los comentarios negativos, y vuelva al sendero de lo que siempre ha sido Star Wars. Luz y Oscuridad, comedia y drama. Luces y sombras. Finn y…

 

 

 

¡¡¡TRAITOR!!!